© 2019 Ricardo Coello Gilbert

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Sobre la fe, 2017

Anotaciones.

La fe es la renuncia del pensamiento crítico, la lógica y la racionalidad para sostener cualquier aseveración como verdadera. La fe es aceptar una proposición sin justificación ni evidencia. La fe es la esperanza de que la realidad se adapte a nuestros caprichos y prejuicios. La fe es exonerar a una idea de toda razón y responsabilidad epistémica. La fe permite sostener nociones sin ningún fundamento ni demostración lógica, a las que evade. La fe es la excusa que se da cuando se carece de argumentos. La fe es lo que hace que creamos absurdos y sin sentidos sin sentir remordimiento ni culpa; a mayor irracionalidad, mayor fe requerida para sostenerla. La fe sostiene una conclusión que no se desprende de las premisas, pretende no requerir de premisas, es una falacia, un non sequitur. La fe es una herramienta no fiable para la obtención del conocimiento de la realidad; es una herramienta certera para llegar a conclusiones erradas.


Las malas idea suelen huir del debate escudándose detrás de un halo de intocables y de sagradas. Cualquier increpación es condenada y tildada como ofensa; Ninguna idea está libre de ser cuestionada, criticada, satirizada ni ridiculizada. Las personas se respetan, las ideas no.


El crédulo es engañado y mediante este mecanismo de fe, acepta nociones falaces que las incorpora como una manera sesgada de interpretar la realidad; esto, el ser embaucado, es un ejercicio pasivo. Los vicios y prejuicios con los que se malinterpreta la realidad hacen que el crédulo rechace argumentos y evidencias que los contradiga y lo hacen malinterpretar argumentos que erróneamente los confirma, es más fácil autoconvencerse de preconcepciones erradas, que aceptar la posibilidad de haber sido timados; este proceso activo de validación y refuerzo de sus prejuicios convierte al crédulo en creyente. Es así como se perpetúan engaños, ilusiones, supersticiones y mitos. Así es precisamente como partidarios defienden a políticos, modelos económicos, religiones y otras categorías, sin cuestionar las ideas que proponen o a pesar de las malas ideas que los acompañan.


La fe considera laudable la abdicación de la razón y la suspensión del juicio, lo que produce sujetos acríticos, sugestionables, manipulables y aquiescentes, sometidos a los designios e intereses de una autoridad que se vale de este mecanismo para perpetuar su poder y dominio sobre otros.

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Español

El velo de los creadores, 2017

Texto sobre obra.

“El velo de los creadores” es parte del trabajo que llevo desarrollando durante los últimos años donde señalo partes del contenido de la biblia que suelen ser escondidas y calladas por quienes promueven ese libro como obra de algún creador; y suelen ser desatendidas, poco reflexionadas o completamente ignoradas por quienes profesan la sobrenatural autoría y excelsitud de dicho texto.

Quienes utilizan el libro para perpetuar su posición de dominio sobre otros, los autoproclamados intérpretes y conocedores de la voluntad divina, expertos en la revelación suprema, categorizan de forma antojadiza, caprichosa y conveniente qué de su contenido es ley, qué es alegórico y qué de ellos es mejor ignorar. Así, lo que alguna vez fue “palabra de dios”, al ser falsificado por el constante y progresivo avance del conocimiento humano se convierte en metáfora, parábola y alegoría; lo que contradice groseramente el sentido común y atenta a la moral más básica es omitido e ignorado y protegido en un silencio proporcional a lo vergonzoso de la aseveración; mientras otras partes del texto se siguen citando de manera inverosímil intentando imponer, desde curules legislativas incluso, su moral caduca arrastrada desde la edad de bronce.

En ocasiones anteriores he llamado la atención sobre contenidos homófobos, misóginos, violentos, esclavistas, xenófobos, sin sentidos y galimatías de la biblia que la evidencian claramente como creación del hombre; esta vez apunto a una muy común falacia usada como muletilla por millones de creyentes, de que “sólo hay un dios”, mientras en el contenido de la biblia se nombra a una veintena de ellos: Adramélec, Amón / Amón-Ra, Anamélec, Apis, Aserá, Asimá, Astarté / Istar, Baal/Baal Zebub/ Bel/ BelZebul, Dagón, El ternero, El Sol, La Luna, Júpiter / Zeus, Mercurio / Hermes, La Reina de los Cielos, Lucero / Estrella Brillante / Estrella de la Mañana / Hijo de la Aurora / Lucifer, Marduc, Milcóm / Moloc / Mélec, Nebo, Nergal, Nibjáz, Nisroc, Quemós, Refán, Satán / Satanás /el diablo / el Adversario / el demonio / el Maligno / el Príncipe / el Seductor / el Anticristo / el Tentador, Sucot Benot, Tartac; Sin sumarle los millares de deidades que se han paseado por cada rincón del mundo a través de la historia de la humanidad, distintos folclores, mitos y supersticiones. Apologistas religiosos agregarán en seguida el calificativo “verdadero” para especificar que “sólo hay un dios verdadero”, pero al hacerlo se alejan de la mera ingenuidad, miopía e ignorancia implícita en la anterior aseveración para enterrarse más profundamente en terrenos ilógicos e irracionales (pero sin absurdos ni irracionalidades no tenemos necesidad de la fe), para adentrarse en terrenos de lo epistémico, donde la carga de la prueba de esta aseveración es mucho más complicada que la afirmación primera. Vale aclarar que la fe está invalidada como herramienta para determinar la veracidad de cualquier argumento e invalidada como mecanismo para acceder al conocimiento de la realidad, pues con ella podemos “asegurar”, por ejemplo, que “sólo hay un dios, y ese dios es Baal” con el mismo grado de confianza con el que podemos asegurar sobre el alumbramiento de Perseo por parte de su madre, la virgen Dánae, fecundada por el dios Zeus. No hay aseveración, por apartada de la realidad, que no podamos justificar falazmente a través de la fe.

Afirmar que “sólo hay un dios verdadero”, deposita el onus probandi o la carga de la prueba, no solo en determinar que el dios que se asevera es verdadero sino en comprobar además que todos los otros miles de dioses no lo son, tarea de demostración lógica y empírica de proporciones monumentales; más modesto y sincero sería aceptar que no hay aseveración de dios alguno respaldada por suficiente evidencia necesaria para aceptarla como plausible.

La afirmación siguiente, más diluida, es que “todos son el mismo dios”; ignorando los distintos rituales, requisitos, demandas y distintos caprichos de miles de dioses y de adherentes de diferentes sectas y distintas supersticiones; ignorando también los millares de muertes proclamadas en nombre de un dios celoso y vengativo, cada genocidio comandado vía escritura o revelación divina contra pueblos adoradores de dioses rivales. El “buen libro”, en su primera parte es básicamente el testamento escrito con la sangre de quienes adoraban al dios equivocado (una coincidencia afortunada de la historia es que lo “correcto” suele encontrarse del lado de quien gana la batalla). Negar la divinidad de Jesús, de Moloc, o de Mahoma puede ubicar a alguien del lado incorrecto de la dicotomía recompensa/castigo eterno o de una más tangible pena de muerte por herejía o apostasía, o un más sutil (pero no menos irracional) ostracismo o censura. Thomas Paine, en una defensa deísta, afirmaba que debía ser considerada una herejía adjudicarle a dios la autoría de las torturas, ejecuciones y demás obscenidades narradas en la biblia; estas divinas inconsistencias son irreconciliables con algunas nociones de bondad, justicia y belleza atribuidas a otras manifestaciones de deidades.

Una máxima filosófica conocida como la navaja de Hitchens dice que “lo que puede ser aseverado sin evidencias, puede ser descartado sin evidencias”. Este tipo de sentencias entonces, de que “sólo hay un dios”, “sólo hay un dios verdadero”, o “todos los dioses son manifestaciones de uno mismo”, muy a pesar de los adoradores de Baal, Zeus o Yavé, pueden ser desechadas sin reparo ni remordimiento ni mayor consideración.

Una reflexión no del todo tangencial al respecto de los otros dioses tiene que ver con los milagros, que suelen ser utilizados para reafirmar prejuicios y preconcepciones sobrenaturales, causas que ignoramos y cuyos efectos atribuimos a nuestras supersticiones favoritas; la difícil tarea de comprobar que las leyes de la naturaleza hicieron una excepción a favor de uno, es una nimiedad al lado de la imposibilidad de adjudicar correctamente la autoría del milagro. Esto es, quizás Belcebú realizó el milagro.

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English

On faith*, 2017

Annotations.

Faith is the renunciation of critical thinking, logic and rationality to hold any assertion as true. Faith is accepting a proposition without justification or evidence. Faith is the hope that reality adapts to our whims and prejudices. Faith exonerates an idea of all reason and epistemic responsibility. Faith allows sustaining notions without any foundation or logical demonstration, which it evades. Faith is the excuse given in the absence of arguments. Faith is what allows us to believe absurdities and nonsense without feeling remorse or guilt; the greater the irrationality, the greater faith required to sustain it. Faith holds a conclusion that does not follow from the premises, it pretends not to require premises, is a fallacy, a non sequitur. Faith is an unreliable tool for obtaining knowledge of reality; it is a perfect tool for reaching wrong conclusions.


Bad ideas tend to flee from debate by hiding behind a halo of untouchability and sacredness. Berating them is condemned and branded as an offense; No idea is free to be questioned, criticized, satirized or ridiculed. People are to be respected, ideas are not.


The gullible is deceived and through this mechanism of faith, accepts fallacious notions that he/she incorporates as a biased way of interpreting reality; this, being duped, is a passive exercise. The biases and prejudices with which reality is misinterpreted makes the credulous reject arguments and evidences that contradicts them and makes him/her misinterpret arguments that erroneously confirm them; it is easier to convince oneself of wrong preconceptions, than to accept the possibility of having been duped; This active process of validation and reinforcement of its prejudices turn the credulous into a believer. This is how delusions, illusions, superstitions and myths are perpetuated. This is precisely how supporters of politicians, economic models, religions and other categories, defend  them without questioning the ideas they propose or despite the bad ideas that accompany them.


Faith considers laudable the abdication of reason and the suspension of judgment, which produces uncritical, suggestible, manipulable and acquiescent subjects, surrendered to the volition and interests of an authority that makes use of this mechanism to perpetuate its power and dominion over others.

*The spanish title "Sobre la fe" could have two interpretations; the first being concerning or on the subject of faith; the second one being above faith. 

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